1 de enero
Hoy vi como su figura
desecha por el maltrato de la noche se deslizaba de forma relativamente torpe
por el cilíndrico y largo metal de este lugar con olor a cigarrillo y alcohol.
Su piel no es la misma que la de hace unos años atrás, tiene los
característicos moretones de quien se dedica a este oficio, textura cual
naranja por la mala alimentación y el continuo uso de ropa ceñida al cuerpo.
Sigue escondiendo tras su maquillaje obsesivo la tristeza que acarrean las
nauseabundas veladas de sudor extraño y anhélanzas. Labios rojos que recuerdan la reciente
navidad, la pintura desconchada de sus uñas y el residuo de rímel da a entender
las pocas ganas que de embellecerse tenía. El pelo grasoso con sus respectivas
salpicaduras de alcohol, aunque si algo prevalece son su perfectamente formados
dientes que poseen ahora matices mas amarillentos.
Nunca ha querido
informarme con exactitud su nombre real, para mí es simplemente “La Fiera” y
así prefiero llamarle pues entender a lo que se dedica me permite el contacto
con la realidad y aceptar la naturaleza de su condición y su trato para
conmigo.
Compensa ahora con
experiencia su belleza pasada, aunque para mis ojos sigue siendo un exquisito
estímulo, un bocadillo al cual en noches de soledad recurro para complacer a mi
amigo de instintivo actuar. Aunque para ser sincero, no es mucho lo que
imagino, pues cansado estoy de observarla con sus mínimos atuendos y tacones
altos, con sus diversos colores de ojos, cabello, uñas, pestañas, minifaldas y
lentejuelas; de enfermera o colegiala.
Este será un buen año
para mi.
24 de enero
Llegue un poco
cansado a ese lugar, sin embargo no podía rendirme en la orilla. Cobré algo de
dinero que un amigo me debía, de ese con el que ya no cuentas porque a los
compadres no se les cobra, así que decidí hacerle la propuesta y gastarme todo
en una noche de autocomplacencia. Entre con mi camisa a rayas y el bolso de
cuero cruzado que siempre llevo, zapatos elegantes y jean desgastado, pedí una
botella del mejor vodka que sirven en ese rincón polvoriento, me senté en la
barra y la llame picándole el ojo, a lo cual respondió con la palma de su mano
que le diera un tiempo, ella subió a uno de esos cuartos con olor a los diversos
fluidos que del sexo se destilan. Al fin bajó y vino directamente a mis
piernas, sus brazos a mi cuello y un beso por el filo de mi quijada, mi muy
educado amigo se levantó a darle la bienvenida. Me pregunto que como había
estado y porque tantos días sin aparecerme por allá, manifesté que asuntos del
trabajo y que a mi madre no le gustaba que estuviese por allá así que decidí
que hoy era la oportunidad dado que ella estaba librando el día en la casa.
Aprobó con una risa. Hablamos toda la noche en la medida que la música a todo
volumen me lo permitió, mi mano en su cadera, las suyas, una enredada en mi
cabello, la otra casi afeitando mi rostro por la mejilla. Se acercaban las 4am
y la clientela escaseaba, ella entre idas y venidas, yo con un calor interno
casi insoportable.
Llego y le dije al
oído, que eso quedaba entre nosotros y pasé un fajo de billetes a su mano. Me
dijo que fuésemos a su apartamento.
Lo demás es historia.
Hoy volvíamos a hablar, después de ese encuentro fortuito desde el cual no hago si no imaginarla, frente a mí, volviendo a mi mente el aroma tan delicado de su piel, regresando a escuchar esa dulzura enlazada con la manera tan certera para afirmar cada palabra, y esa manera de mirar, con la cual indaga en lo más profundo de mi, llegando a encontrar eso que nadie más vé. Escuche ese problema que por estos días te aqueja, mientras te escuchaba entendí que el haberte conocido en aquel café no fue casualidad. Y sé que para tenerte a mi lado y sentir la seguridad de que eres mía, debo cambiar la manera de seducirte, pues veo en ti una mujer con principios y sobre todo diferente a las demás, por lo cual vale la pena luchar, además de estar en mi mente como ninguna lo había conseguido.
La conocí después de haberle dado el dinero a la mujer que llamo mi “novia”, para que fuera a librarme de la posibilidad de tener que atarme a una mujer para toda la vida, tal vez es ese mi mayor miedo; sentir que al amar a una sola mujer dejare atrás la vida de aventuras e irresponsabilidades que acostumbro a llevar. Por esto fue que decidí quitarle la vida a aquel niño, que por la pasión del momento no pensé en evitar, pero después de conocerla y hablar con ella me doy cuenta de que fue la mejor decisión que pude tomar para mi vida y la de esa criatura.
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